En las tierras de Monsaraz y alrededor de su villa medieval, se produce vino desde tiempos inmemoriales. Cuando el poblado de Reguengos creció y se convirtió en sede de municipio, a mediados del siglo XIX, la vid se transformó en un objetivo estratégico para sus habitantes: a partir de 1860 y a lo largo de la década siguiente se plantaron más de un millón de vides. En 1903, Reguengos ya era considerada “la región vitivinícola más rica del Alentejo”.

 

Por voluntad de la gente

La Cooperativa Agrícola de Reguengos de Monsaraz, fundada en 1971 por 60 agricultores, surge como desarrollo natural de esta economía vitivinícola única del Alentejo. Hoy cuenta con cerca de 700 asociados que entregan en sus instalaciones uvas de 3.000 hectáreas de viñedo, siendo la mayor bodega del Alentejo y una de las mayores de Portugal.

El cuerpo y el alma

CARMIM expresa, en su esencia, la cultura, el trabajo, el saber y el sentir de las personas que, año tras año, le confían sus uvas. Los vinos CARMIM se producen y embotellan exclusivamente a partir de las uvas de sus asociados, surgiendo así, en cada vendimia, vinos blancos, rosados y tintos que traducen el cuerpo y el alma de la región. Por todo ello, es apropiado afirmar que CARMIM y Reguengos son indisociables.

 

Las personas, siempre

La viña y el vino son creaciones humanas, no surgen espontáneamente. Los vinos de CARMIM nacen de las manos de quienes cuidan las viñas, de quienes vendimian las uvas y las transportan a la bodega, de quienes las transforman en vino, de quienes lo embotellan, lo envasan y lo comercializan. Son creaciones de un equipo experto, profesional y comprometido, que se enorgullece de lo que hace y de la marca que representa.

 

Y de la uva se hace vino

La bodega es donde ocurre la magia. En las cubas, tinajas, lagares y barricas, el mosto de uva se transforma en vino, bajo la supervisión de Rui Veladas y Tiago Garcia. Los enólogos de CARMIM combinan la ciencia y la innovación con el “saber antiguo”, enraizado en la cultura vitivinícola de la región. Así, cada vino creado aquí transmite el territorio auténtico de Reguengos.

Lo que nos define

Reguengos es la mayor de las ocho subregiones del Alentejo. Curiosamente, es también aquella donde la propiedad está más fragmentada, con muchos pequeños y medianos viticultores que, junto con sus familias, cuidan con pasión de los viñedos. El suelo es pobre pero profundo, pedregoso, formado principalmente por derivados del granito. Y el clima es típicamente continental, con inviernos fríos y veranos cálidos y secos.

 

Viñas que sufren

La sabiduría antigua dice que la vid que sufre es la que da el mejor vino. Muchas de las viñas de Reguengos son de secano, es decir, no se riegan. Sus raíces penetran profundamente en el suelo en busca de agua, absorbiendo minerales y nutrientes que no existen en la superficie. Son viñas resistentes al clima y adaptadas a las condiciones locales, viñas que reservan todas sus energías para alimentar los racimos que producen. Y así hacer nacer grandes vinos.

Amar la tierra

Vivimos de la tierra, donde crecen las viñas que dan origen a nuestros vinos. Cuidar de ella es retribuir su generosidad. El clima cálido limita las enfermedades y reduce los tratamientos. Los viticultores de CARMIM practican la protección integrada, gestionando los recursos naturales para una agricultura sostenible.

El nombre de las uvas

La variedad forma parte (junto con el clima, el suelo y las personas) del conjunto de factores que permiten que un vino exprese el lugar donde nació. Los vinos CARMIM transmiten el territorio auténtico de Reguengos a través de una gran variedad de variedades de uva, desde las clásicas Trincadeira, Aragonez, Alicante Bouschet, Antão Vaz o Roupeiro hasta las internacionales Cabernet Sauvignon y Syrah, pasando por las muy portuguesas Touriga Nacional, Arinto y Gouveio. Cada una cumple un papel específico en la afirmación de la identidad del vino y de la región.